El poder curativo de la naturaleza

Entrevista a Clare Cooper Marcus sobre el poder curativo de la naturaleza

 

Clare Cooper Marcus es profesora emérita de Arquitectura y Arquitectura del Paisaje en la Universidad de California, Berkeley. Es autora del libro Paisajes terapéuticos: un enfoque basado en la experiencia de diseñar jardines terapéuticos y espacios curativos al aire libre, en coautoría con Naomi Sachs, ASLA; e Iona Dreaming: El poder curativo del lugar. Esta entrevista tuvo lugar durante el ASLA 2017 Annual Meeting en Los Angeles.

Clare Cooper Marcus

En tu libro Therapeutic Landscapes: An Evidence-Based Approach to Design Healing Gardens and Restorative Outdoor Spaces, escrito en colaboración con Naomi Sachs, ASLA, comentas que volvemos a la sabiduría de los académicos griegos, que entendían perfectamente la conexión entre la naturaleza y la mente humana. ¿Por qué hemos tardado tanto en volver a descubrir esta unión entre las personas y la naturaleza?

El conocimiento en realidad no se había perdido, pero el mundo científico necesitaba evidencias de ello.  A la ciencia no le interesa si algo es bonito o que las personas mejoren su bienestar mirando los jardines. Esto no les convence.

El famoso estudio de Roger Ulrich, The View from the Window, publicado 1984 en la revista Science, despertó el interés por el impacto que tiene la naturaleza en la persona. Con acceso a los historiales médicos de los/as pacientes, entre los cuales había algunos que contaban con una habitación con ventana con vistas hacia los árboles y otros que sólo podían ver una pared de ladrillo, que se recuperaban de una operación de vesícula. Los datos mostraron que las personas que tenían vistas hacia los árboles llamaban con menos frecuencia a la enfermera, pedían menos dosis de analgésicos y eran dados de alta antes que las que veían una pared. Este estudio ofrecía pruebas científicas de los beneficios que ofrece la naturaleza, utilizando datos empíricos que el mundo médico podía entender y apreciar. Los centros hospitalarios tomaron nota y, básicamente, dijeron: «¡Ah, ya veo! Los árboles junto a las ventanas y los jardines alrededor de un hospital no tienen sólo una finalidad estética, ¡también pueden influir sobre el balance anual de cuentas!»

Ahora entendemos que tener estar al aire libre e interactuar con la naturaleza puede reducir el coste sanitario y también el tiempo de recuperación de los/as pacientes. ¿Cuál es la explicación de la creciente demanda de jardines terapéuticos en hospitales y otros centros hospitalarios? ¿Es por los beneficios económicos o hay otras razones?

Sin duda, ahora hay estudios científicos que demuestran que las personas con ciertas afecciones y que tienen acceso a la naturaleza necesitan menos analgésicos. Esto es ciertamente significativo. Los estudios en las residencias donde viven personas con Alzheimer y que, a su vez, tienen acceso a un jardín terapéutico, han demostrado que la necesidad de medicamentos para combatir la agitación o el insomnio se ve reducida.

Sí, los beneficios económicos han sido importantes para fomentar el crecimiento de los jardines terapéuticos, pero el marketing también es importante. Sería raro encontrar un centro para personas mayores o de cuidados paliativos donde un jardín no sea un elemento interesante y atractivo para los/as familiares o los/as profesionales del centro.

Muchos hospitales han optado por introducir jardines en sus instalaciones y esto es positivo. Sin embargo, algunos lo venden como «jardín terapéutico» por estar de moda. Lamentablemente, en algunos de los casos que he visto en revistas especializadas, es una foto de una terraza donde hay un banco con dos macetas, y eso lo denominan como jardín terapéutico. Algunos de nosotros, que llevamos años en este sector, estamos empezando a considerar la necesidad de crear una certificación para los jardines terapéuticos, aunque es muy complicado.

Recientemente, se ha publicado una investigación relevante acerca de la importancia del acceso al espacio exterior de los/as empleados/as. El personal de un hospital trabaja en turnos muy largos y, a menudo, con mucha presión y estrés. Aquí, en EEUU, hay una cifra muy impactante: más de un cuarto de millón de las muertes que se producen al año en los hospitales podrían haberse evitado, ya que son debidas a errores médicos. Esta es solo una pregunta que me hago, pero ¿podría ser una solución que el personal acceda a un jardín terapéutico durante sus descansos, de manera que se reduzca el estrés y, por ende, que resulte en menos errores médicos? Dudo que esto se pueda probar alguna vez ya que hay demasiadas variables, pero hay investigaciones en las que el personal dice: «sí, queremos tener acceso al jardín».

El personal del hospital suele descansar en salas sin ventanas y sin acceso al exterior. Además, ¿sabías que el tiempo medio de descanso para el almuerzo de una enfermera en un hospital de estados unidos es de tan sólo 38 minutos? Entonces, incluso si hay un jardín y no está lejos, no van a ir allí porque no tienen tiempo. Una tendencia ahora en los hospitales, donde son conscientes de este hecho, es ofrecer jardines más pequeños, pero cerca de las salas de descanso para que el personal pueda, al menos, estar al aire libre durante 10 o 15 minutos. Esto es muy importante. Hay una investigación que ha demostrado que ese tiempo es suficiente para una reducción significativa de los niveles de estrés.

Jardín situado en la azotea del Great Ormond Street Hospital para niños/as, Londres, Inglaterra. De uso exclusivo del personal, quien reconoce sentirse cada vez más agotado/a y estresado/a, y necesitan un espacio tranquilo, lejos de los/as pacientes y visitantes. Los arcos de madera son en memoria de dos enfermeras de este hospital que murieron en los ataques terroristas del 7/7 en Londres. / Clare Cooper Marcus

¿Cuáles son los elementos clave en el diseño de un jardín terapéutico? ¿En qué se diferencia un jardín excelente de uno aceptable? ¿Nos puedes dar algunos ejemplos?

¡Por dónde empiezo! No es muy complicado, pero algunos podrían argumentar que no dista mucho de un jardín bonito y bien diseñado. Hay muchos elementos que son fundamentales y se pasan ​​por alto, incluso por los/as arquitectos/as paisajistas más experimentados/as. Primero, debe ser predominantemente verde. Yo diría que alrededor de un 70% de superficie verde y un 30% pavimentada. Si se invierten estos datos tendrías una plaza, no un jardín. El jardín debe ser verde, exuberante y tener vegetación que resulte atractiva durante todas las estaciones del año, en la medida de lo posible y según su ubicación. Debe ser colorido y atraer todos los sentidos: el olfato, oído, tacto e incluso gusto. No sólo a nivel visual.

El jardín debe considerar a los/as usuarios/as más vulnerables. Entonces, por ejemplo, si hablamos de un hospital de cuidados intensivos, los/as usuarios/as más vulnerables podrían ser aquellos/as que pasean con el gotero o muletas. Aspectos como la superficie de los pasillos, los elementos que no deslumbren, el diseño universal, etc., son todos ellos elementos fundamentales. Un/a usuario/a puede encontrarse tan débil que solo pueda caminar desde la entrada hasta el primer banco, además de necesitar sentarse en un asiento erguido, con brazos y respaldo para que pueda levantarse, ¡no los asientos hundidos de la omnipresente silla Adirondack!

Para que un jardín terapéutico tenga éxito debe ser fácilmente accesible y visible desde el interior. Por ejemplo: el vestíbulo o la sala de espera en un hospital, la sala de día o el comedor en una residencia para personas mayores. Los caminos deberían ser con diferentes grados de dificultad para que las personas puedan ejercitarse. Debe haber suficiente sombra: en la zona de entrada, debajo de los árboles, una pérgola u otro elemento que dé sombra. Parece algo obvio, pero a menudo se pasa por alto. Muchos pacientes toman medicación (quimioterapia, antivirales para el VIH-SIDA, ansiolíticos…) y deben evitar que les dé el sol. Si no hay sombra, no saldrán. Estamos observando que cada vez se diseñan más jardines para pacientes específicos, como aquellos con cáncer, estrés postraumático, demencia, problemas de salud mental o niños/as con discapacidad. En esos casos, es fundamental que el/la diseñador/a trabaje con el personal clínico y el personal de mantenimiento a través de un proceso participativo.

Entonces, ¿qué diferencia hay entre uno excelente y uno simplemente decente? Si el jardín solo tuviera algo de vegetación, senderos y algunos bancos, ¿no sería realmente terapéutico? Aquí os comento algunos de los mejores ejemplos, sin ningún orden en particular:

El Olson Family Garden del hospital para niños/as de St. Louis es un jardín situado en la azotea del octavo piso de unos 2.440 m2. Cuenta con una plantación exuberante, árboles bastante grandes y caminos sinuosos por donde a los/as niños/as les encanta correr y esconderse. Hay cinco fuentes diferentes. Tiene elementos que intrigan a los/as niños/as sin convertirlo en un patio de recreo, con piedras para cruzar sobre el agua, telescopios para que puedan ver St. Louis, casetas, un caleidoscopio o un reloj de sol. También atrae a adultos/as y cuidadores/as, con muchos espacios semiprivados y una variedad de asientos móviles. Es utilizado por todo el mundo y está bien señalizado. El jardín fue diseñado por Herb Schaal, FASLA, con AECOM. Costó 1.9 millones de dólares. El dinero fue donado por una familia local, quien también aportó dinero para su mantenimiento. Por eso siempre está bonito.

Jardín de la familia Olson, Hospital Infantil de St Louis, Missouri. Un jardín situado en la azotea y popular entre los/as visitantes, los/as niños/as y el personal, donde los/as niños/as pueden entretenerse (piedras, fuentes de agua, casetas, telescopios) y los/as adultos/as aprecian un oasis, un paisaje que contrasta con el interior del hospital, donde pueden encontrar lugares semiprivados y asientos móviles. / Clare Cooper Marcus

Otro buen ejemplo es el jardín del Oregon Burn Unit (unidad de quemados) en Portland, diseñado por el arquitecto paisajista Brian Bainnson, ASLA, Quatrefoil. La razón por la que este jardín funciona tan bien es porque Bainnson trabajó en estrecha colaboración con el personal del hospital para entender las necesidades de los/as pacientes y los/as profesionales. Incorporó una selección de plantas frondosas y exuberantes que resultan atractivas durante todo el año.

Foto del jardín de la Unidad de Quemados de Oregon en Portland, EEUU. Un jardín que ha sido diseñado considerando las aportaciones del personal clínico. Con plantas vistosas y coloridas que lucen durante todo el año, con zonas de sombra que son esenciales para pacientes con quemaduras e injertos de piel; y diferentes tipos de superficies para aquellas personas que están aprendiendo nuevamente a caminar. / Clare Cooper Marcus

Un tercer ejemplo es el Living Garden en The Family Life Center en Grand Rapids, Michigan. Un centro de atención para enfermos de Alzheimer y demencia diseñado por la arquitecta paisajista Martha Tyson, ASLA, quien entendió perfectamente las necesidades de los/as pacientes. Durante el diseño trabajó con el personal del centro. El jardín tiene en cuenta el principal problema de estos/as pacientes, que es la falta de orientación espacial, y para ello diseñó un camino simple en forma de ocho con puntos de destino, para que los pacientes no se pierdan. Hay una salida y una entrada al jardín. Además, ninguna planta es tóxica.

The Living Garden, en el Family Life Center, Grand Rapids, Michigan. Un jardín diseñado para personas con Alzheimer y otras demencias. Para evitar confusiones en aquellos con cognición espacial limitada, hay sólo un camino para entrar y salir del jardín, una entrada arqueada, el camino tiene una forma simple de ocho y un punto focal que es la glorieta donde tienen lugar los eventos. La vegetación exuberante ayuda a cubrir las paredes y las cercas, esencial para las personas con demencia ya que, a veces, intentan «fugarse». / Martha Tyson a través de la revista Landscape Architecture
The Living Garden en el Family Life Center, Grand Rapids, Michigan. / Clare Cooper Marcus

En Japón y Corea del Sur se promueven los baños de bosque para mejorar la salud y el bienestar, además de para combatir adicciones a las nuevas tecnologías.  Corea del Sur está creando una red nacional de centros terapéuticos de baños de bosque.  ¿Cuál crees que es el valor de los baños de bosque? ¿Qué se necesita para que esta práctica también se ofrezca en los EEUU?

Las evidencias científicas de Japón dicen que respirar el aire del bosque, particularmente donde se encuentra el ciprés Hinoki, ayuda a reducir los niveles de estrés, la presión arterial y la frecuencia cardíaca. Creo que, efectivamente, es beneficioso, pero también sabemos que caminar en cualquier tipo de bosque o zona verde no urbana tiene también efectos positivos en la salud.

Todavía estamos en una fase muy inicial de esta práctica en EEUU, pero sí he notado que hay bastante repercusión en los medios.

Es curioso, pero EEUU suele estar a la vanguardia de las innovaciones tecnológicas y rara vez esto ocurre con las innovaciones sociales, al menos en lo que respecta a la naturaleza y los entornos de juego. Las bosquescuelas son populares en Alemania y Dinamarca desde hace décadas, mientras que aquí se están poniendo de moda. Los parques de aventuras infantiles han existido en Europa occidental desde 1940, en Estados Unidos no hay más que dos o tres (¡uno está en Berkeley!). Los Países Bajos lideraron el concepto woonerf, que consiste en el uso de la calle compartida a partes iguales por vehículos y peatones. La idea se extendió por el resto del mundo pero apenas ha tenido éxito en este país, en gran parte, supongo, debido a la resistencia de los ingenieros/as de transporte.

Sin embargo, en el ámbito de los jardines terapéuticos en la atención médica, Estados Unidos está a la vanguardia. Es triste ver que, en mi propio país de origen, Gran Bretaña, famoso por sus jardines, a menudo sean pobres o inexistentes.

En un reciente estudio, Nature Conservancy estima que, a pesar de todas las campañas mediáticas de plantación de árboles, a día de hoy se pierden en las ciudades estadounidenses alrededor de 4 millones de árboles al año. Con plantar más árboles en las ciudades se podría simplemente reducir los costes sanitarios al disminuir el impacto de la contaminación, es decir, el ozono y las partículas. Otros estudios han hallado correlaciones entre la esperanza de vida, la sensación de bienestar y la proximidad a los árboles. Sin embargo, desafortunadamente, la mayoría de los arbolistas no están familiarizados con muchos de los beneficios que nos ofrecen los árboles para la salud. ¿Por qué no se comprenden mejor los beneficios para la salud?

Sí, hay muchas investigaciones relevantes que vinculan los árboles con la salud. Como gran parte del material en este campo de la salud y el diseño, donde los estudios compartidos en revistas académicas o semi académicas, no se filtran en la práctica a la gente. Por esta razón, los profesionales que se dedican a la plantación de árboles en las ciudades no lo entienden. No espero que los arbolistas o jardineros, que se dedican a podar los árboles, sepan sobre esto, pero sí los profesionales que están a cargo de esos mantenimientos deberían saberlo.

Lo único que hace falta es que esta información sea más accesible y pase del lenguaje científico y académico a uno más simple que pueda llegar a periodistas y otros/as profesionales relevantes.

Algunos/as médicos innovadores están ahora recetando o prescribiendo a sus pacientes con diferentes afecciones que pasen tiempo en el parque, quieren probar si la exposición a la naturaleza o realizando un ejercicio particular en la naturaleza, ayuda. ¿Qué hará falta para que otros/as profesionales médicos acepten este enfoque? ¿Qué es lo que se necesita para que los parques se consideren una parte esencial de nuestro sistema sanitario por parte de los/as profesionales de la salud y las aseguradoras?

Cada vez leo más referencias sobre la idea de la receta social para que la gente vaya a los parques. Creo que en Washington D.C. se le puede enviar a los/as médicos una lista de parques disponibles para que puedan recetárselos a sus pacientes. Le llevará un tiempo ponerse de moda, como pasó con los baños de bosque y otras innovaciones. Pasará algún tiempo antes de que aparezca alguna investigación que se pueda mostrar a los/as profesionales de la medicina, demostrando que prescribir tiempo en el parque para alguien con la condición “equis” ha mejorado. Desde Olmsted, los parques y sus vínculos con la salud han formado parte de la profesión de los/as paisajistas.

Algunos hospitales que se están construyendo o reformando no sólo incluyen jardines terapéuticos dentro de sus instalaciones, sino que también tienen un parque o jardín en la entrada, abierto al público en general. Están proporcionando espacios verdes desde sus instalaciones para toda la ciudad.

Algunos ejemplos incluyen los jardines terapéuticos del University Hospitals’ Schneider, Cleveland, Ohio; y del Good Samaritan Medical Center’s Stenzel en Portland, Oregon.

Algunos de los hospitales que han sido reformados están orientando las habitaciones de los/as pacientes hacia un parque adyacente. Entre ellos están el Royal Children’s Hospital en Melbourne, Australia, y el Alder Hey Children’s Hospital en Liverpool, Inglaterra.

Hospital infantil Alder Hey, Liverpool, Inglaterra / © Parry Family Charitable Foundation

Esta tendencia continuará a medida que más hospitales reconozcan la importancia del acceso a la naturaleza. Proporcionar espacios verdes dentro del hospital o en las áreas adyacentes es relativamente económico en comparación con el coste que supone comprar una nueva máquina de resonancia magnética.

Por último, mientras te recuperabas de tu grave enfermedad te fuiste a Escocia para estar en plena naturaleza, en la remota isla de Iona donde escribiste un libro sobre tu experiencia. Has dicho que la naturaleza allí reflejaba tu alma y tenía un profundo efecto curativo. ¿Puedes hablar de esa experiencia? ¿Cómo podemos encontrar esos lugares mágicos? ¿Y cómo sabes cuándo has encontrado el tuyo?

Encontré el mío por casualidad e intuición. No creo que puedas salir a buscar un lugar así o saber que tiene ciertas características que lo hacen especial. Cuando encuentras ese lugar, lo más probable es que no sea tu casa, seguramente sea un sitio que encontraste por casualidad. Puede ser un lugar un poco diferente, que está lejos, al que tal vez vayas ahora los fines de semana o una vez al año.

A mediados de los 80, me fui a vivir con mis hijos a Findhorn, Escocia, a una comunidad innovadora e intencional (tipo ecoaldea) de los años 60 que todavía existe a día de hoy. Son dueños/as de una casa de retiro en la isla de Iona, al otro lado del país. Una vez llegué allí supe que la isla era mi lugar de curación.

Tras recibir el diagnóstico de dos cánceres, poco después de retirarme de la academia, fui de retiro a vivir allí sola durante seis meses y comencé a escribir. Ahora regreso todos los años, lo he hecho durante 18 años consecutivos.

Todo lo que puedo decir es que, cuando se encuentra un lugar así, sientes que regresas a casa. No me refiero al edificio en sí. Me refiero al hogar, a algo mucho más profundo a nivel espiritual y psicológico, un lugar que te hace sentir algo profundo dentro de ti.

Iona / Clare Cooper Marcus

He conocido a personas que han venido a Iona por primera vez y, al llegar, se echan a llorar. Otras personas se sienten como si por fin hubieran vuelto a casa, sin tener absolutamente ningún vínculo con Escocia o Gran Bretaña. No existe una razón lógica porque no es una cuestión de lógica o razón. Les ocurre a algunos/as visitantes, pero eso no significa que tengas que ir a este sitio en particular. Puedes encontrar tu lugar a través de un sueño, al leer por casualidad una mención en un libro o cualquier otro evento inesperado.

Sigue a tu corazón, lo sabe. Nadie puede darte la fórmula.

 

Entrevista publicada por The Dirt el 11/08/2017. Traducido por Karin Palmlöf y Leila Alcalde

ENLACE A LA ENTREVISTA: https://dirt.asla.org/2017/11/08/interview-with-clare-cooper-marcus-on-the-healing-power-of-nature/